Hay algunos mitos, errores o malentendidos, llámese como quiera cada uno, referidos a ciertos aspectos del trabajo de Richard Corben. En futuras entradas iremos tratando algunos de ellos. Empezaremos con la cuestión del aerógrafo, una herramienta a la que se ha otorgado una importancia imaginaria en los métodos de este artista.
El dichoso aerógrafo - (1ª parte)Al
repasar documentación relativa a Corben en forma de entrevistas, reseñas varias, artículos impresos y de internet... sorprende la insistencia en la cuestión del aerógrafo, casi siempre en relación a dos apartados concretos: el color por un lado y la representación del volumen por otro.
Es un error de apreciación conceder importancia destacada a una herramienta que no tiene más protagonismo que los lápices grasos o los rotuladores
Sharpie que también emplea Corben. Quizá no sea un error de peso, pero parece interesante indagar en el asunto para despejar la idea y de paso apuntar otras técnicas y recursos en su trabajo.
El aerógrafo aparece como explicación genérica para una serie de atributos y peculiaridades que distinguen la obra de este autor. Se presenta como el comodín ideal para dar cuenta de unas habilidades inusuales, y de un despliegue de recursos plásticos y visuales novedosos.
¿Cuál puede ser el origen de esta idea?1.- En sus comienzos
no-tan-underground-como-suele-decirse, los trabajos de RC levantaron un gran revuelo por su alto grado de elaboración, nivel técnico y elevada calidad plástica. Algo aún más notorio y evidente en un contexto de escasa exigencia en esos apartados: los fanzines y prozines de finales de los ’60 y primeros ‘70 mostraban trabajos, en general y salvo honrosas excepciones, bastante mediocres, con un nivel amateur en casi todos los aspectos, pero especialmente flojos en la parte gráfica.
En semejante panorama, sus cómics con tramas mecánicas tipo
zipatone y efectos de aerógrafo, por fuerza tenían que ser una conmoción y destacarse por encima del resto. Por aquella época se llegó a decir que Corben había introducido su uso en el cómic, algo que él mismo matiza en la entrevista de Jan Strnad.
2.- Examinando su producción entre 1970 y 1972 podemos encontrar algunas historias en las que el uso extenso del aerógrafo es evidente: “Inna Pit” (1970), “Razar the Unhero” (1970), “Encounter at War” (1971), “Heirs of Earth” (1971) y “The Awoken” (1972). En ellas prescinde de las tramas fotomecánicas y de los rallados de tinta para describir volúmenes e iluminación. En su lugar emplea los degradados y efectos de aerografía con unos resultados novedosos e impactantes. A partir de ahí su rastro se va haciendo más discreto hasta convertirse en una herramienta más, sin mayor trascendencia (efectos puntuales, ayudas en el modelado de algunos elementos, efectos ambientales o atmosféricos, fondos...). Exceptuando “Instinct” (1977), ya sólo podremos detectar su presencia, y no de un modo tan amplio, en títulos como “Going Home” (1972) u “Oval Portrait” (1975).
Página 2 de una de las versiones de "Encounter at War"
3.- También en esos mismos años, un buen número de portadas mostraban a un inquieto Corben probando soluciones con esta herramienta. Entre otra ilustraciones, las de Slow Death #3 y #4, Anomaly #3 y #4, Fever Dreams, Up from the Deep con una ilustración correspondiente a “Cidopey”, la contraportada de Fantagor #1 con una ilustración correspondiente a “Twilight of the Dogs”. También en este campo podemos comprobar una evolución análoga a la descrita en el punto anterior.
Portada del Slow Death #4; los personajespodrían perfectamente ser Cid y Opey...Como sugeríamos al principio, el aerógrafo es el recurso perfecto, el más socorrido para “poner nombre” a un conjunto de atributos y peculiaridades nunca vistos hasta el momento en que Corben publica sus primeras creaciones.
¿Por qué esta fijación con el aerógrafo? Con esta herramienta parece quedar explicado un repertorio tan variado como novedoso -especialmente en el campo del cómic- en lo que se refiere a los modelados, los matices sutiles en las iluminaciones, la corporeidad de los volúmenes, la variedad y credibilidad de las texturas y de los efectos especiales.
Sin embargo, y a pesar de esos indicios arriba mencionados, un cierto conocimiento de los procedimientos y técnicas plásticas y artísticas lleva a descartar definitivamente la idea. La riqueza tonal, la delicadeza del modelado, la sensación de volumen, todas esas cualidades que definen el aspecto plástico del trabajo de Corben, no son una consecuencia del empleo del aerógrafo. Son valores y atributos que consigue con cualquier otra técnica y material. En realidad son el resultado de una forma de ver y de representar, vienen dados por su concepción gráfica del proceso de ilustración. Esos mismos efectos tan alabados en el aerógrafo se tornan mucho más creíbles y controlados cuando Corben trabaja con degradados a lápiz y aguadas de tinta, gouache o acrílicos, tal y como veremos más adelante en futuras entradas. Como ya hemos dicho, si exceptuamos la mencionada etapa inicial en la que nuestro artista explora las posibilidades de este recurso, una vez satisfecha su curiosidad no tarda en convertirse en una herramienta más, sin mayor trascendencia.
Concluiremos esta entrada reconociendo que este equívoco no hace sino poner de relieve las cualidades especiales del trabajo de Corben y situarnos en la pista del
factor Corben.
(continuará...)